domingo, 18 de diciembre de 2011

La utopía sentimental.


Pocos hombres se dedicaron a su afán por aportar algo al mundo, los denominados Filósofos. Grandes pensadores que cedieron su vida por una causa con la que ilustraban un pensamiento y  elaboraban una ideología que marcaria los pasos hacia un nuevo mundo.
A los largo de mi vida, me he dado cuenta de que para  tener valor y reconocimientos, tienes que tener un nombre. Una palabra que identifique y que marque la diferencia, o lo que también, podríamos llamar una marca. Al fin y al cabo, es una palabra que en la mente de la gente denota una serie de características y atributos que la identifican.

Pocos hombres se dedicaron a su afán por aportar algo al mundo, y muchos fueron los que criticaron. ¿Y que es la critica, sino un pre-reconocimiento de una teoría?.
Nos pasamos la vida intentando encontrarle sentido a nuestra existencia y escuchamos a los “con nombre” para que nos guíen con sus sabias opiniones. Necesitamos que nos marquen unas bases teóricas para poder afrontar los acontecimiento y poder saber que es lo correcto. Necesitamos y necesitamos, porque la base de vida es la necesidad. Basamos nuestra existencia en un modelo de referencia que idealizamos para poder formar parte del paquete existencial.

Pocos hombres se dedicaron a su afán por aportar algo al mundo, unos hombres que en su búsqueda esperaban conseguir un mundo idealizado que presentaban como la alternativa al mundo realmente existente. La felicidad plena de todo ciudadano era la búsqueda de un mundo mejor. Claramente lo que se llama utopía, y ¿qué es la utopía sino un nombre utópico que lleva a una idea utópica?

Pocos hombre se dedicaron a su afán por aportar algo al mundo, y todos se empeñan en poner le nombre a lo innombrable. ¿Y que es un nombre sino, simplemente, un nombre?. A menudo, me pregunto como es posible que alguien tenga el valor de poner nombre a un sentimiento, a una esperanza o a un fracaso. Pero los nombres siguen apareciendo en mi cabeza cuando intento referirme a algo.

Pocos hombres se dedicaron a su afán por aportar algo al mundo, pero ninguno consiguió dejar  de pensar en nombres para expresar un sentimiento sin pronunciar una palabra.
Y dicen, que sino tienes nombre no eres nadie, que si no puedes pronunciar algo no es nada.  ¿Y que sucede cuando sientes algo que eres incapaz de describir, cuando no puedes ponerle un nombre? 


Algunos hombres se dedicaron a su afán por aportar algo al mundo, pero pocos se dedicaron a aportar algo a sus sentimientos.
Ellos creen en un mundo utópico de felicidad, pero yo creo q en un mundo donde el sufrimiento también ocupa un papel protagonista; porque las personas felices no tienen historia. Y sin historias de las que aprender, con las que vivir y con las que soñar, simplemente no existiría la utopía.

Pocos hombres se dedicaron a su afán por aportar algo al mundo, solo los genios fueron capaces de aportar arte al sentimiento.

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